Sobre Max Leiva

Durante los dos años que viajó de Suiza a Bangkok –países que fueron decisivos para afianzar su pasión, retomar el recorrido de la historia del arte y enfrentarse a las herramientas del escultor- este joven guatemalteco aprovechó para abarcar un campo plástico muy amplio al converger las culturas del mundo. Del arte MAYA hasta el arte de los vanguardistas europeos y americanos, el vocabulario de su plástica integra el gran clamor universal donde se entremezclan las peculiaridades de cada pueblo, cada tribu, cada familia… Su disyuntiva juega en lo figurativo o en lo abstracto, reivindica tanto sus raíces culturales mayas de Centro América como su sed por el néctar de la vida sustraído de la fuente de los cantos del mundo. A decir verdad, el mestizaje de las culturas encontró en Max Leiva a un embajador-creador talentoso y uno de los más cálidos de su época.

A esa curiosidad insaciable e inclinación natural por la alteridad, el artista añade lo que para él está intrínsecamente ligado a la creación: la entrega de sí mismo. Una entrega total, sin concesión, de una absoluta probidad. Son pocos los artistas que poseen esa franqueza, a quienes se les puede decir sin mentir que su obra se les parece. En efecto, sería muy simplista afirmar que las esculturas de Max Leiva son… de Max Leiva, pues SON MAX LEIVA. Es como si el artista hubiese fundido su aliento en bronce.

Noël Coret.

 

Me gusta lo que hago, y no pienso mucho en las razones que me llevaron a hacerlo ni a dónde puedan llevarme. La exigencia del arte no es tangible, no pertenece al mundo de las necesidades, por eso creo que es una constante rebeldía que felizmente proporciona libertad. Busco que la gente conozca mejor mi trabajo, que lo observe más y más despacio. Pretendo hacer de la observación un ejercicio contemplativo, quiero llevar al espectador por un pasaje para que entienda mi obra y la sienta, aunque claro, hay esculturas que llaman más a la contemplación que otras.

Max Leiva.

 

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